Orizaba, Ver. – Durante 38 años, Doña Lucy ha hecho de la cocina una forma de salir adelante y de servir a los demás. Con disciplina, perseverancia y una sazón que ha conquistado a generaciones de orizabeños, convirtió un pequeño negocio de memelas, garnachas y tacos de tripa en una tradición gastronómica de la ciudad.

Desde hace seis meses forma parte de los chiringuitos de la Alameda Francisco Gabilondo Soler «Cri-Crí», un espacio donde familias y visitantes disfrutan de la cocina típica en un ambiente seguro y familiar.

Su historia comenzó desde niña, cuando aprendió de su madre el valor del trabajo honrado. Antes de dedicarse a la comida vendió diversos productos, hasta descubrir que su verdadera vocación estaba en la cocina. Durante casi cuatro décadas trabajó en distintos puntos de la ciudad, siempre con una misma convicción: ofrecer calidad y un trato cercano.

Recuerda que alguna vez pensó en aumentar el precio de sus enormes memelas, pero fueron sus propios clientes quienes le dijeron: «Si usted sigue vendiendo con esa calidad, nosotros la vamos a pagar». Desde entonces entendió que el éxito está en no disminuir la calidad de lo que ofrece.

Gracias a su negocio sacó adelante a sus tres hijos, les dio estudios y construyó un patrimonio, resultado de años de trabajo de domingo a domingo y de jornadas que comenzaban desde muy temprano y terminaban entrada la noche.

«Soy una mujer de mucha fe. Todo lo que tengo se lo agradezco a Dios, pero también sé que hay que esforzarse para conseguirlo», comparte.

Hoy continúa recibiendo a quienes buscan el sabor que la hizo famosa e incluso mantiene el sueño de volver a preparar sus tradicionales memelas gigantes. Su historia refleja que el trabajo constante, la honestidad y el amor por lo que se hace pueden convertirse en un legado que también enriquece la identidad y el atractivo turístico de Orizaba.

A Doña Lucy la encuentran sus comensales en la zona de los chiringuitos de la Alameda Francisco Gabilondo Soler «Cri-Crí», un corredor gastronómico que impulsa la economía de decenas de familias y es uno de los espacios preferidos por locales y visitantes para disfrutar de la cocina tradicional en uno de los lugares más emblemáticos de Orizaba.